Ahí desde la última excusa colgada la
pereza. Tantas cosas deberían cambiar pero no cambiaban porque otros
lo impedían, tenía demasiado trabajo para ocuparse de ellos.
Trabajo si tenía, pero así como se ocupaba de cientos de cosas
diferentes, así pudo ocuparse de lo que según él debería cambiar.
La pereza tiene una increíble capacidad de camuflaje. No se descubre
fácilmente. Muchas veces se viste de actividades, compromisos y
sentimientos y cada uno de “sus vestidos” le queda perfectamente.
Así puede pasar desapercibida y justificada recibiendo de paso un
reconocimiento o aplauso que aunque no le corresponde no es merecido,
lo recibe con la cara llena de compromiso y cansancio. No la apoyes,
descansa si ves que tu pereza es fruto de cansancio o del estrés,
pero cuando ves que te está ganando el terreno, actúa antes de que
te arrastre demasiado lejos.
Feliz martes sin pereza.

No hay comentarios:
Publicar un comentario