La sospecha era muy hábil. Tenía una extraordinaria
capacidad de camuflaje. No se detectaba a la primera vista y mientras tanto
estaba erosionando la confianza. Era como herrumbre que se pega se mete en
todos los rincones y carcome incluso las construcciones más solidas, poniendo
en peligro su estabilidad. La sospecha provocaba que detrás de cada palabra se buscara
otro sentido, que cada retraso mostrara algo oculto. Para ella los silencios
hablaban de forma demasiado elocuente y las conversaciones callaban lo más
importante. Las miradas ocultaban las sonrisas escondían a cada gesto de cariño
le faltaba la sinceridad. No había argumento que fuera capaz de enfrentarla o
detenerla puesto que ha aprendido a la perfección el arte de esquivar a los
argumentos manteniendo su dominación. No permitas que la silenciosa sospecha
carcoma tus relaciones y tu confianza en ti misma/o y en los demás.
Feliz jueves sin sospechas.

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