Se ha cansado con su vida de escaparate.
No era tan joven para atribuirlo a la rebeldía juvenil. Era algo
mucho más profundo y vinculado a su educación. Es que toda su vida
fue acompañada del famoso ¿lo qué dirán? Todos a su alrededor
estaban atemorizados por la remota posibilidad de ser objetivo de un
comentario o una opinión. Lo que hacían, lo que vivían siempre fue
acompañado de las temerosas miradas a los demás, para ver si
alguien por ahí no observa o no habla sobre ellos. A la hora de la
verdad nadie lo hacía a la gente no les interesaba tanto su vida…
tenían otros problemas muy importantes. A los únicos a los que le
afectaba lo que hacían eran ellos, porque al poner todo en
escaparate y cara a la gente de fuera, sentían que se quedaban solos
y que había un vacío por dentro. No es posible sentirse bien
primero con los demás y luego con uno mismo en la soledad. Primero
siéntete bien contigo en tu intimidad y en tu soledad y así sal al
encuentro de otros que no serán capaces de contradecir tu felicidad
aunque podrán opinar sobre ella, sus opiniones no te afectarán tan
fácilmente.
Feliz miércoles sin escaparates.

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