La opinión de otros estaba cargando
a cuestas durante toda su vida. Todos a su alrededor se sentían con
derecho de opinar, de expresar sus juicios, calificaciones, y con
frecuencia descalificaciones. Aprobaban o desaprobaban lo que ella
hacía, decía, pensaba, sentía. Puede ser que en su libertad tenían
este derecho, que nadie les podía quitar, ni limitar. Ese no fue el
principal problema. El verdadero problema consistía en que con el
tiempo tanto se acostumbro de escuchar las opiniones de los demás,
que se le olvidó por completo expresar las suyas. No se cuestionaba,
no se evaluaba. No hacia retrospectivas, su voz era casi inexistente.
Aunque no se quiso dejar de influenciar por las opiniones de los
demás, éstas le pesaban y con frecuencia la auto-limitaban, la
confundían. Incluso en algunos casos le quitaban las ganas de decir
o intentar algo nuevo, algo diferente, sabiendo que igual no va a
encontrar aprobación o el buen entendimiento de otros. Escucha a los
demás, es importante lo que te quieren decir, pero en el camino de
la vida no te olvides a escucharte a ti misma/o. Es fundamental para
sentirse persona íntegra y no un barquito azotado por las olas de
opiniones y del destino.
Feliz martes de escucha y
retrospectiva.

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