Abuela Crescencia vivía en una
pequeña casita perdida en un pequeño jardín lleno de flores y
frutas. Se pasaba los días tejiendo medias de lana para los
inviernos fríos y remendando ropas rotas de sus nietos, tan vivos y
traviesos. De paso tejía unas historias, conversaciones pausadas
llenas de sabiduría y remendaba algunas vidas. Y eso no fue todo lo
que hacía abuela Crescencia. Tenía guardada una colección de
sonrisas de todo tipo y tamaño para todos los tiempos y ocasiones.
Sonrisas luminosas para días grises, sonrisas discretas para los
actos oficiales y pomposos. Había de aquellas sonrisas sinceras e
inocentes que desarman y ablandan los corazones duros, armados de
odio y rencor. Capaces de atravesar blindajes y corazas de seguridad,
detrás de las cuales se esconden los que tienen miedo de vivir a
pecho abierto y cabeza despeinada. Trata de tejer de vez en cuando
una conversación a tu medida y busca una sonrisa que te quede bien
en este momento de tu vida. No importa lo que vives y por lo que
estás pasando, siempre encontraras una sonrisa que te quede bien.
Que ilumine un poco el camino que tienes por delante.
Feliz miércoles de sonrisas que te
queden bien.

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