Tantas cosas hermosas brillaban en
los escaparates. Ella miraba y las deseaba. No se preguntaba para
qué. No cuestionaba ni la necesidad ni la utilidad pero la
desbordaba el deseo de poseer. Los abuelos gruñones a veces la
regañaban, criticaban. Ella se molestaba con ellos. Les decía que
no entienden nada, que en su tiempo no existía ni la mitad de las
cosas que ella quiere tener. Que todos tienen y ella no quiere ser la
única entre todos los vecinos y amigos. Que sus primas se pasean
ostentando casi en sus ojos todo lo que tienen y lo que ella también
quiere tener. Aunque reconocía que a cierta distancia, en sombre de
un mango, durante un paseo la fuerza atrayente de un escaparate se
debilitaba considerablemente, y disfrutaba con muy poco, casi con
nada, muy ligera de equipaje sin miedo que algo le pueden robar que
ella misma lo puede perder o romper. Lo más valioso está a tu
alrededor abre bien a tus ojos y lo verás.
Feliz miércoles de abrir los ojos.

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