No le gustaban grandes discursos. No
se pasaba la vida prometiendo cosas a sus familiares y amigos. En vez
de perder el tiempo en los discursos grandilocuentes, prefería hacer
las cosas y si era necesario hablar sobre lo que ya había hecho. No
acostumbraba detenerse tanto para hacer declaraciones. Confiaba que
lo que hace habla mejor de él, que solo lo que dice. Puede ser que
ya se cansó de tantos discursos que llenaban el aire durante actos
oficiales y conversaciones privadas. Al parecer muchos nos
perfeccionamos en el arte de hablar, pero no tanto en el arte de
hacer y cumplir lo prometido. En vez de hacer el coro con los que
hablan, haz el coro con los que hacen. No es tan popular, tan grande,
pero es de mejor calidad.
Feliz sábado de hacer en vez de
prometer.

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