Escondida detrás de la última
excusa estaba toda la felicidad esperando que alguien la invite a la
fiesta de la vida. Hace mucho que estaba esperando. Siempre había
otras cosas que se le han adelantado. El trabajo, las obligaciones
los compromisos, todo que parecía más urgente, más serio, más
vital que la felicidad. A ella le tocaba pagar el pato. Inocente,
tenía mala fama de ser lujo de los ricos, exclusividad de los que
tiene una vida exitosa en el matrimonio, familia y negocios. Mientras
que en realidad era una humilde conquista diaria de los que se
atreven de sonreír a la vida, ser agradecidos, incluso en el
torbellino de las cosa que no entienden y que les superan. Haz un
esfuerzo de cambiar de actitud.
Feliz domingo de felicidad sin
excusas.

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