La sorpresa estaba escondida en un
rincón de la vida de Manuela. Prácticamente no salía a la luz del
día, siempre empujada y tapada por el miedo a lo nuevo y diferente.
Ella vivía escondida detrás de sus dos o tres seguridades. Aunque
viejas y gastadas le parecían mejores que las inciertas, inseguras y
desconocidas novedades que podrían traer las sorpresas a la vida. Y
su alegría y felicidad como un prisionero encadenado se atrofiaba se
encogía. Cada vez era menos visible. Permitale a la sorpresa que
entre en tu vida. Con ella entrará una nueva luz, nuevos colores y
aromas. Dejate sorprender cada día de tu vida. De esta capacidad
depende tu crecimiento tu desarrollo tu felicidad.
Feliz miércoles sin sorpresas
arinconadas.

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