En la casa de tía Ambrosia los
sueños se servían de postre. Cada uno elegía sus preferidos y los
mezclaba con unas cuantas cucharaditas de esperanza. Los invitados a
la casa eran siempre bienvenidos y esperados sentarse a la mesa. Sus
ojos radiantes sus sonrisas sinceras comunicaban algo más que una
simple alegría. Eran signos de felicidad hechos vida palpable y
concreta. La tía Ambrosia les enseñaba con mucha paciencia morder y
masticar los sueños para poder digeridos. Los sueños bien digeridos
se hacen carne se hacen vida. Los soñados muchas veces pero no
digeridos se quedan sin dar frutos y se vuelven un tenso, amargo y
repetido recuerdo frustrante. Endulza tus sueños con unas cuantas
cucharaditas de esperanza. Míralos bien por dónde será más fácil
morderlos y volver la realidad. No te asustes ni desanimes si son
grandes, porque nunca pueden ser demasiado grandes. Todo depende de
tu apetito y tu metabolismo. Cuídalos y cuídate porque de ellos
depende tu felicidad y tu crecimiento.
Feliz miércoles de buena digestión.

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