Las cosas no han salido como las había soñado. En vez de llegar
a tener una hermosa construcción, todo parecía estar en ruinas. Le
fallaron los cálculos, no supo poner las cosas en el orden, ni a
tiempo. No tuvo problema de correr con la responsabilidad por los
errores cometidos, pero dentro de toda esta realidad que tenía un
amargo sabor a fracaso, quiso ver un signo de responsabilidad, un
gesto, una palabra de alguien capaz de reconocer su parte de
responsabilidad. No encontraba nada de eso, solo reproches y
acusaciones. No estaban dispuestos de ver como sus silencios, sus
risas, sus burlas hechas a su espalda de él, los convertían en
cómplices, igual o más responsables que él. Todo al tener
capacidad de raciocinio tenemos responsabilidad para con nosotros y
para con los demás. Algunas veces estando dentro de una actividad,
otras siendo simples espectadores. Tratemos de no ser cómplices de
silencio, sin mancharnos las manos intentando ayudar, solucionar los
problemas. La derrota ajena nos afecta mucho más y peor que su
victoria, su éxito en lo bueno.
Feliz viernes sin silencio.

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