La envidia se sentaba cerca de ella como si fuera su fiel
compañera. Celosa y muy posesiva. No le gustaba que ella se mire en
el espejo. Le hacía siempre comparase con otros, subrayando
exageradamente cada posible diferencia, tratando de cuantificar cada
cosa, como si se pudiera contar y pesar las habilidades, los
talentos. Intentaba comparar cada cosa, cada sentimiento y mirarlas
con los ojos convertidos en balanzas y calculadoras. Siempre
pendiente de los demás detectando las ausencias y carencias propias
frente a las posesiones ajenas. Parecía gozar enormemente cuando
conseguía arruinar una naciente alegría un pequeño brote de
felicidad. Presente en todos lugares, poseyendo derecho de libre
tránsito y tarjeta de acceso a todas las oficinas y reuniones,
profesando todos los credos a la vez y vistiendo todo tipo de
uniformes. No permitas que viva contigo bajo el mismo techo ni vaya
contigo a estudiar ni a trabajar. Conoce y disfruta primero de lo que
tienes luego aspira por más.
Feliz viernes sin envidia.

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