Le decían que la vida no es fácil en estos tiempos, que hay que
andar con mucho cuidado y que uno para sobrevivir tiene que hacerse
muy duro como una piedra. No echaban estos consejos en un saco roto.
Ella escuchaba todo y trataba de entender y de aplicar en su vida.
Primero lo que decidió era no andar tanto buscando su felicidad sino
quedarse en un lugar y cultivarla de las pequeñas gotas de rocío
que cada mañana aparecían en su planta favorita que tenía en la
maceta. Lo segundo de hacerse como una piedra era mucho más sencillo
de lo que se imaginaba. En vez de hacerse dura e insensible como
muchos esperaban trató de ser compacta sólida y como una piedra
tirada en las aguas de la vida trató de llegar siempre hasta el
fondo de las cosas que estaba viviendo, que le estaban pasando. No se
contentaba de ver y conocer lo que estaba solamente en la superficie.
Sorprendidos sus consejeros y consejeras en vez de verla indecisa y
asustada la veían convencida y segura de sí misma, viviendo
plenamente, disfrutando de lo pequeño y de lo grande. No te quedes
en la superficie, sumérgete en las aguas de la vida.
Feliz martes de la sumersión.

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