El “sin” acompañaba toda su vida. Ya llegó a
pensar que era parte de su destino tener algún “sin” cerca de
él. Desde que era niño sabía, que la Familia estaba sin dinero,
los padres sin tiempo, la casa sin comodidad, las fiestas sin
alegría, el juego sin juguetes. Hasta incluso conoció hambre sin
comida. Así conforme iba creciendo, aumentaba su colección de los
“sin”. Los tenía de todos los tamaños. Siendo adolescente quiso
rebelarse contra su destino, encontrar culpables de su mala suerte.
Se preguntaba a si mismo, preguntaba a Dios ¿por qué este maldito
“sin” en su vida? Y como quedaba sin respuesta empezó a buscar
más en fondo, hasta que se dio cuenta, que no es necesario luchar
contra su “sin”, solo hay que cambiar su sentido. No era un
proceso sin esfuerzo, pero sin que se diera cuenta, sus “sin”
empezaban cambiar de sabor. Su vida empezó ser sin reproches. Sus
relaciones sin ansiedad, sus fracasos sin rencores. Hasta su rostro
cambio y era sin tristeza, su cuerpo sin tensión. Feliz la primera
vez en su vida miraba el futuro sin angustia y sin miedo.
Feliz Domingo sin Quejas
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