Era una persona responsable y trataba a
eso unir también la prudencia y honestidad, una mezcla de valores
que la llevaba, sin que ella se lo buscase, a muchos conflictos. No
se tomaba las cosas a la ligera, no vivía en un mundo herméticamente
cerrado, sino siempre de puertas abiertas a la vida, a la gente que
la rodeaba. Eso provocaba dilemas y uno de los más frecuentes era
¿decir o callar? Sabía perfectamente que eso le puede traer
consecuencias y que necesita valorar a cada una de ellas. Lógicamente
hay diferentes formas de decir, así como hay diferentes formas de
callar. Hay tiempos modos y lugares adecuados para cada cosa. Decir
puede traer tensiones e incomprensión, callar el mal sabor de la
complicidad y la omisión. Esta experiencia tan dura, que a veces le
hizo sufrir, la enseñó que es bueno siempre mantener los espacios
de diálogo, no como algo extraordinario, provocado por cualquier
tipo de emergencia, sino como una realidad habitual. Eso permitirá
que no habrá necesidad de decir todo de una vez, como si fuera un
desahogo lleno de reproches y tensiones, sino ir dosificando las
cosas e incluso callando por un tiempo algunas, viendo que aun no es
su tiempo, que tendrán que madurar un poco. Trata de abrir espacios
de diálogo permanente a tu alrededor y podrás solucionar muchos
conflictos, antes de que las cosas lleguen a mayores.
Feliz domingo de espacios de diálogo.

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