miércoles, 20 de septiembre de 2017

Para que duela menos

Sentada hacía recuento de tantas cosas que le duelen. No hablaba de los dolores del cuerpo, porque no era una persona enferma ni achacosa. Hablaba más bien de aquellas cosas que le dolían en el alma, pero que también se clavaban en el cuerpo. Le dolían tantas acusaciones infundadas, la falta de comunicación y las interpretaciones de las palabras y los gestos, que superaban las más increíbles fantasías. Igual dolía que tantas veces hablaban sin escucharse, juzgaban sin conocerse. Dolía porque cualquier observación fue tomada como ataque y cada sugerencia como injerencia. Eso causaba una impotencia, como si le hubieran quitado la voz, la razón, los brazos. No quería ser cómplice y sentía que al no hacer nada lo era. Un dolor que se podría quitar con un poco de apertura. En las relaciones muchas veces a causa de una no tan elevada dosis de orgullo o de soberbia nos causa dolor. Nos liamos tanto que en vez de salir de la situación, reconociendo nuestras responsabilidades, hacemos más daño culpando a otros. Para que duela menos, escucha más y trata de entender. Si no entiendes pregunta y si eso tampoco te ayuda a entender, acepta que hay cosas que superan tus posibilidades de comprensión. En la vida no vamos a entender todo. Queda espacio para otredad y la diferencia no tiene que doler.

Feliz miércoles de hacer para que no duela.

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