Hace tiempo que no se ha detenido, por
lo mismo no tuvo tiempo de mirarse en el espejo. Desde la última vez
que lo había hecho ha pasado bastante tiempo. Ella seguía con
aquella imagen grabada en su mente. Solía detectar los más mínimos
cambios en los demás y no veía en los que estaban pasado en ella
misma. No se trata de mirar el espejo para peinarse o retocar el
maquillaje, sino de una profunda mirada que va desde fuera hacia
dentro. No persiguiendo granos, canas o arrugas, sino buscando
grietas, heridas y durezas en el alma. La vida nos cambia y todo el
tiempo nos va moldeando. Nadie se libra de estos cambios y ningún
producto de belleza los puede ocultar. Las vivencias y experiencias
dejan sus marcas en nuestro interior e incluso a veces en el
exterior. Es bueno detenerse y mirar en el espejo. El más difícil
que son los ojos de las personas cercanas, las personas amadas.
Observar y ver si no huyen de nosotros si no nos esquivan. Y claro
mirarnos también el un espejo de lo más común y ver cómo nos
sentimos con nosotros mismos.
Feliz jueves de detenerse un rato y
mirar.

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