Al final de la calle de las quejas en la
esquina de la calle de las culpas había un pequeño taller en el que
un señor con manos hábiles y mirada serena arreglaba los dones.
Tenía montones de dones abandonados sin usar, cuyos dueños se han
olvidado de ellos. Les sacaba su original brillo y hacia que se vean
apetecibles y posibles de usar. A los que visitaban su taller contaba
muchas historias de la gente que abandonaban sus dones en las calles
de su vida, así como algunas abandonan las mascotas que han crecido
demasiado. Hay gente que los abandona por el miedo, otros los
abandonan por pereza. Los dones necesitan cuidados especiales y no se
los puede cerrar sino hay que sacarlos afuera para que puedan crecer
desarrollarse plenamente. A la vista de eso muchos prefieren a
abandonarlos desentendiéndose de su responsabilidad para con ellos.
Por suerte existen personas que los acogen, cuidan y enseñan a otros
a hacerlo. No te quejes, no culpes recibiste dones que puedes cuidar.
No los tengas miedo, no escondas, aprovecha todas las oportunidades
para sacarlos afuera y que puedan desarrollarse plenamente y que te
ayuden a crecer personalmente.
Feliz domingo de cuidar los dones.

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