Decían que era muy elocuente. Sin
ninguna duda sabía hablar e hilar bien las ideas, vistiendo de
palabras adecuadas cada sentimiento. La gente disfrutaba de sus
palabras, sabían dibujar bien cada situación que narraba, cada
escena que describía. Había momentos tenebrosos y luminosos. Cada
conversación que parecía seca, raquítica se volvía lozana,
vigorosa. Sabía transportar sus oyentes a lugares lejanos y
desconocidos, les daba todo el lujo de detalles que les permitía
ubicarse en el lugar y tiempo exacto de los hechos ocurridos,
relatados por él. Sus ideas presentaba con claridad y suavidad lo
que despertaba respeto de sus amigos encada tertulia incluso en medio
de crispación y discrepancia. Tan pendientes de sus palabras no
escuchaban a sus silencios. Éstos sí que eran elocuentes a veces
mucho más que sus palabras. Escucha bien a los silencios que pueden
ser parte de la misma conversación o inicio de una nueva. No son
tiempos vacíos despojados de ideas y palabras sino momentos en las
que muchas cosas importantes a veces fundamentales se están
cuajando.
Feliz martes de silencios y
palabras.

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