No se quejaba por quejarse. Se
quejaba porque le dolía lo que sentía. Hace tiempo que se le
clavaron en el pecho unos sentimientos vestidos de palabras toscas.
Estas palabras que huelen a acusación o a culpa y que tienen amargo
sabor a la despedida bañada de la soledad. Ese no era su plan, no
era su proyecto. Juntos iban a vivir cosas maravillosas, ser felices
como nadie más e salgan el mundo. Hoy están separados y entre ellos
el lugar de amor ocupa el dolor. Sus quejas por lo menos permitían
que salga algo de este dolor que oprime el pecho, espanta los sueños
y vuelve insípida a cada comida. El alivio no llega en silencio
regado de lágrimas, sino en una reflexión que permite nombrar lo
que sentimos y ver el camino por donde llegaron los sentimientos a
nuestra vida. Date tiempo de mirarte y a descubrir el camino por el
que llegaste hasta aquí. Verás parte de tu responsabilidad y de la
de los demás.
Feliz sábado de mirar el camino
recorrido.

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