No sabía que podría a llegar a dar
a los suyos. La vida últimamente le ha sonreído. No le faltaba nada
y hasta se pudo permitir satisfacer ciertos gustos. Ellos no
esperaban regalos. Tenían sus caprichos pero sabían perfectamente
que solo eran eso caprichos. Que el tiempo es capaz de borrar de su
memoria lo que un día fue tan atrayente y que con el paso de los
días disminuye la intensidad de los deseos. Su casa ya se ha llenado
de los distractores, coloridos suplementos de felicidad para chicos y
grandes, pero su corazón permanecía vacío. El corazón tiene una
extraña cualidad, no se llena con cosas muertas, solo se llena con
seres vivos, con personas. Por eso ellos no esperaban que les regale
chuchería sino que les regale su tiempo y su presencia, algo tan
valioso que no se podía comprar ni con toda la fortuna que ha
acumulado últimamente. Eso solo se podía dar de corazón a corazón.
Feliz martes de darnos lo más
valioso, nuestra presencia, nuestro tiempo.

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