Detrás de su último silencio había
muchas palabras. Puede ser que medio desordenadas, pero con muchas
ganas de ser pronunciadas y no como hasta ahora calladas. El silencio
la inflaba. Parece que se hinchaba por dentro. No le dejaba ni el
espacio para que le entre aire de la respiración. Su pecho estaba
tenso, con desesperación respiraba a mordiscos. Solo existía una
salida de esta asfixiante situación – la conversación calmada y
sincera, sin interrupciones, ni consejos no pedidos. Solo querría
que alguien se interese por lo que siente y vive nada más. Una
conversación así suele ser el mejor remedio para el sueño, después
de varias noches de insomnio. No dejes que tus palabras se acumulen y
el silencio haga estragos en tu salud y bienestar. Silencio en dosis
exactas es curativo, la sobredosis es nociva, enferma.
Feliz viernes de palabras dichas.

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