miércoles, 10 de agosto de 2016

Una pequeña herencia

Sabía perfectamente que lo que ellos hacían no era correcto. No se consideraba ni santa, ni perfecta. No le gustaban los enfrentamientos, peleas, discusiones. El silencio sordo y ciego se volvía insoportable. Podría tomar muchos papeles pero no él de ser cómplice. La tensión entre lo correcto y lo fraudulento se hacía sentir a cada paso. No sabía cómo llamar atención sin herir. Que hacer para poder enderezar, lo que estaba encorvado por tanto tiempo, sin causar la ruptura, un daño irreversible. Sentada en medio de sus pensamientos tenía que tomar decisiones. No tenía madera de heroína, ni reformadora, pero eso si tenía unos principios y un poco de responsabilidad y coherencia en su vida. Poca cosa que no valía nada en el mercado donde se compraba y vendía todo, pero vara ella fue su único tesoro su única riqueza, la única herencia familiar heredada de sus padres y abuelos que podía llevar a todas partes. Esa le permitía mirarse con tranquilidad paz y caridad en el espejo sin remordimientos a pesar de haber descubierto unas cuantas nuevas arrugas.
Feliz miércoles de principios.

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