Cuando el abuelo Tiburcio se sentaba
perecía el mundo frenaba sus prisas atento a sus palabras y sus
silencios. El no pretendía dar consejos a nadie solo hablaba de lo
que le ha tocado vivir en su larga vida. Sus ojos que ya no veían
tanta luz por fuera cada vez con más frecuencia miraban para dentro.
Las largas horas de mirar el horizonte más recordado que visto de a
de veras le ayudaron volver a recorrer el camino que lo ha llevado
hasta aquí. Honestamente hablaba de sus aciertos y desaciertos.
Musitaba los recuerdos de innumerables encuentros, tertulias e
discusiones con sus amigos que dejaron huellas en su vida. Para los
que se daban tiempo para escucharlo llegaba enseñanzas simples y
prácticas. Cada encuentro, decisión, palabra, nos lleva a alguna
parte. No siempre la deseada. Por lo mismo tenemos que tener más
cuidado y ser más responsables. Nada se pierde solo cambia de lugar
y a veces se acumula en alguna parte y tarde o temprano nos volvemos
a encontrar con lo que hemos dejado en alguna parte o en alguna
persona. De nosotros depende si será bueno.
Feliz sábado de cuidar el camino.

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